¿Hasta cuándo volvemos a dormir?

Por: Mónica Zárate

Como madres, esa es una pregunta que nos hacemos cada vez que intentamos cerrar los ojos mientras al fondo se escucha ese inconsolable e interminable llanto, cada vez que cualquier ruido de tu bebé te despierta a ti y no a tu pareja, cada vez que la lista de pendientes por hacer es tan larga que el dormir deja de ser una necesidad de supervivencia, también nos hacemos esa pregunta en un día de dolor o malestar físico en el que las sábanas no te dejan salir de la cama, pero tienes que hacerlo porque un bebé hambriento y un pañal sucio no perdonan. Yo me lo pregunto una y mil veces cuando no importa mi cansancio porque tengo que hacerla de madre, cocinera, enfermera, cenicienta y ahora con esta “nueva normalidad”, hasta de maestra.

La cosa es que el ser madre es una de las tareas más difíciles que existe, segura estoy que ninguna mamá es capaz de decir que la maternidad es una labor sencilla. La naturaleza con nosotras fue bastante clara, porque desde que se crea la vida humana ya corremos con toda la responsabilidad y no lo digo quejándome o menospreciando el rol del padre de mi hijo Román, lo digo con orgullo mientras sostengo mi taza de café que es a la que le debo que hasta el día de hoy sigo viva, jaja.

Lo cierto es que en los primeros meses de vida los bebés no tienen un ritmo circadiano, ya que ellos duermen tanto de día como de noche, así que es normal tener a un bebé juguetón y risueño despierto a mitad de la noche. La buena vida es correr con la suerte de tener un bebé que todo el tiempo duerme, la hija de una amiga abrió los ojos hasta que cumplió el primer mes de vida, todo ese mes durmió y hasta comía dormida, wow que bendición, pero habemos algunas madres que no tuvimos el privilegio de tener una bella durmiente en casa.

En mi caso, mi bebé no dormía ni de día ni de noche en sus primeros meses de vida y yo como mamá primeriza temía por su bienestar y cada pequeña siesta que él tomaba lo vigilaba porque temía que algo malo le pasara, eso me costó unas ojeras tremendas y 5 kilos menos, que hasta la fecha me ha costado tanto recuperar.

A medida que pasa el tiempo esto cambia, ya que en los primeros meses de vida el cuerpo del recién nacido no produce melatonina, la melatonina es una sustancia natural, similar a una hormona, producida por un área del cerebro llamada glándula pineal que se libera durante la noche y le dice al cuerpo que es hora de dormir. Es por eso que un bebé recién nacido no duerme toda la noche, así que ten paciencia, te aseguro que al pasar de los meses cuando su cuerpo naturalmente produzca esta sustancia, tu bebé comenzará a diferenciar el día de la noche y volverás a dormir.

Como consejo te doy, trata de dormir mientras el bebé duerma, así sea dormir a media mañana y dejar para después las labores domésticas, descansa porque esa media hora, una hora o dos horas serán la clave para resistir mientras tu bebé necesite comer y un cambio de pañal a las 3 de la mañana.

Recuerda que la vida pasa volando y en un abrir y cerrar de ojos ese bebé de brazos tan indefenso que necesita de ti las 24 horas del día, pronto se convertirá en un niño grande que te dejará llorando detrás de la puerta de entrada del kínder en su primer día de clases.

Así que no olvidemos que siendo madres la vida ya no vuelve a ser la misma de antes, los desvelos por cuidar a nuestros peques enfermos o un niño con terrores nocturnos y/o pesadillas que a mitad de la noche llegan buscando un abrazo de sus padres, es algo que muchas veces lo vamos a vivir, es parte de la aventura de ser padres.

En fin, siempre busca la manera de tomar un descanso, dormir mientras tu peque duerme, ir al spa un sábado por la mañana, ir a que te depilen la ceja o te arreglen las pestañas y te quedes dormida en la camilla del salón de belleza, cualquier actividad que te produzca descanso o satisfacción hazla, necesitas descansar y llenar ese tanque de energía para poder terminar esos días y noches tan pesados.

Recuerden que las personas que duermen como bebés seguramente no tienen bebés.

Gracias por leerme, con cariño, Mónica.

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